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Número 8 Junio 2001

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Promover una cultura de paz

El Congreso de la refundación africana
Dar es Salaam (Tanzania) - 21-26 junio 2001

[Documento de base del encuentro, Síntesis preparado por Véronique Rioufol]

Compartir experiencias y descubrir iniciativas procedentes de otros lugares, elaborar propuestas para una refundación africana adaptadas a la realidad del continente y del mundo del mañana y construir unas estrategias comunes para la construcción de una paz duradera - estos son los objetivos el Congreso de la refundación africana.

El Congreso de la refundación es la conclusión a un trabajo de debate y de intercambios iniciado hace un año por la Caravana Africana por la Paz y la Solidaridad (ver Caravane N°5)

Durante una semana, reunirá a 70 participantes procedentes de todas las regiones del continente y de todos los medios socioprofesionales que trabajarán en tres talleres sobre:

  • la gobernabilidad (descentralización e integración regional, movimientos sociales, reconciliación y justicia, gestión de los territorios y las ciudades, etc.);

  • les cuestiones económicas (porvenir de las redes de empresas, reforma de la tierra, lugar de África en la economía mundial, papel de las tecnologías de información y de comunicación, utilización de los recursos naturales);

  • los valores y la sociedad (educación et enseñanza superior, artes y cultura de paz, solidaridad y ubuntu, lucha contra la xenofobia y la etnofobia, sanidad, etc.).

Los participantes darán prioridad a la identificación de los valores y principios directores compartidos por todos y a la formulación de propuestas concretas para hacer frente a los grandes desafíos del continente. Consciente de la necesidad de una refundación africana, el Congreso de Dar es Salaam aspira a ser la prefiguración de un proceso más amplio de elaboración de un contrato generacional para refundar el África del Siglo XXI.

Un impulso necesario de refundación

Existe en efecto por toda África una aspiración profunda de cambio. En todo el continente personas y organizaciones se organizan en red, hacen oír su voz y desarrollan iniciativas portadoras de porvenir. Además, al cambiar de siglo nuestro continente está cambiando de generación. Se está apoyando en una generación que está entrando con pleno derecho en la construcción del mundo del mañana, sin complejos de cara a los antiguos colonizadores, sin sentimiento de culpabilidad con relación a los fracasos, rechazando ir siempre buscando fuera la fuente de los males que minan África y la inspiración de los remedios que se deben aportar.

Sin embargo, cambiar no significa olvidar o renegar. Es en los titubeos de los últimos decenios donde se han acumulado los aprendizajes necesarios para el próximo siglo, que nacieron en el ámbito local, las reflexiones y las innovaciones de las que nacerá el África del mañana. Más antiguamente, en muchas regiones, nuestras sociedades supieron desarrollar algunas modalidades originales de gobierno, de repartición y de solidaridad, de gestión de los recursos naturales, etc. Es en nuestra capacidad de sacar partido de las experiencias innovadoras de estos últimos decenios y actualizar sin condescendencia las prácticas más antiguas, completada por un esfuerzo de reapropiación creativa de los aportes procedentes del exterior, donde se encuentran las claves del porvenir de nuestro continente.

Un acuerdo generacional para África

El Congreso de la Refundación Africana constituye la primera etapa de la elaboración de un proyecto común, de un contrato generacional para África. Este acuerdo se construiría mediante un mandato de 5 años llevado a cabo al asociarse los diferentes medios, partiendo de lo local para después ascender al nivel nacional, regional, por último continental. La elaboración del proyecto se haría en todas partes según un procedimiento similar: la identificación de los valores comunes, el enunciado de los principales obstáculos y ventajas, los elementos de programa. Es sobre la base de este "proyecto para África" que se invitará a los diversos colaboradores -- Estados, empresas, ONG -- a entrar en este acuerdo generacional para poner en marcha los instrumentos públicos de evaluación del respeto de los compromisos mutuos. El Congreso de Dar es Salaam anticipa este acuerdo generacional al formular los primeros elementos de un fundamento de valores comunes y al identificar algunas pistas de reflexión y de experiencias innovadoras para lanzar las bases de una refundación africana.

Un zócalo de valores compartidos

La elaboración de un zócalo de valores comunes es indispensable pues no puede haber paz y desarrollo reales y duraderos sin valores compartidos y sin perspectivas comunes a largo plazo sobre el desarrollo de las sociedades. Los valores comunes sobre los que nuestro continente puede construirse en el siglo XXI podrían resumirse en dos principios:

  • la dignidad encontrada, es decir, la convicción de tener su propio destino a su cargo y de tener la capacidad de tomarlo a su cargo;

  • la participación en el mundo en construcción, es decir, la conciencia de una identidad particular pero que forme parte de una humanidad con destino común.

Estos principios pueden articularse en la visión de una África rica de su diversidad y fuerte en su unidad, solidaria, que combine libertad y responsabilidad, que favorezca el desarrollo humano y que se apoye en su pasado para construir el porvenir. Estos valores, en la confluencia de la identidad africana y de la ética universal, permiten dibujar los contornos de un proyecto común para África y anunciar las condiciones de una gobernabilidad legítima.

Elaborar unas propuestas y acciones estratégicas comunes

La refundación africana pasa por el desarrollo de un pensamiento propio y de las redes humanas para concebirlo, promoverlo y ponerlo en marcha. El cuadro general propuesto para hacer que emerjan unos principios directores y unas estrategias de cambio descansa sobre dos prácticas: el intercambio de experiencias para sacar partido de las numerosas innovaciones locales multiformes y prometedoras que han emergido en NÚMEROSos ámbitos; la "subsidiaridad activa", en la que partiendo del intercambio de experiencias, se obtienen no recetas uniformes, sino principios directores, para que cada uno ponga en marcha las medidas de aplicación de los adaptados a su caso específico.

Promover la reconciliación y la construcción de una paz duradera

El África del final del siglo XX es un África de violencia, atravesado por innumerables conflictos que desgarran a los países y a las comunidades y comprometen cualquier esfuerzo de desarrollo. Se han impuesto progresivamente una cultura de la violencia y una economía de la violencia. Romper estos círculos viciosos de la violencia, asegurar la reconciliación de los propios africanos y de África consigo misma, es la doble prioridad de nuestro continente en este primer año del siglo XXI.

África posee, en sí misma, en sus tradiciones y en sus prácticas, ricos recursos culturales para construir la paz. Dispone también de la experiencia de otras sociedades. La reconciliación en África y la construcción de la paz serán el fruto de este mestizaje.

Ningún conflicto se parece con exactitud a cualquier otro conflicto. Por lo tanto, es posible enunciar los principios directores de la reconciliación y del paso de la guerra a la paz. La primera etapa de la refundación de África será pues una conferencia ínterafricana sobre los desafíos de la construcción de la paz para elaborar estos principios directores. En cada país se podrá formar entonces una coalición por la paz que adoptará una carta común sobre estos principios directores con unas modalidades continentales de control de la puesta en marcha de estos principios.

Como punto de salida, proponemos los principios directores siguientes que se organizan en torno a cuatro objetivos:

Asumir el pasado

La reconciliación no responde al olvido, sino al perdón. El propio perdón no es la reparación del perjuicio sino el reconocimiento precisamente de que el perjuicio, siendo irreparable, debe ser superado. El trabajo sobre la memoria, las comisiones de justicia y de la verdad, el juicio efectivo de los culpables, incluso y sobre todo si es seguido públicamente de un perdón, participan del necesario trabajo de duelo sobre el pasado esencial para asumirlo y romper el círculo sin fin de venganzas todas ellas legítimas.

Reparar los estropicios del pasado

Cualquier conflicto duradero destruye las estructuras de la paz y de la economía y crea las bases de una economía de violencia, debiéndose mantener, para sobrevivir, en la violencia quienes se han comprometido con ella. La paz construida sobre los hombros de quienes lo han abandonado todo para comprometerse en la violencia no puede ser duradera. La lucha política y la delincuencia a gran escala se entrecruzan en una misma voluntad de supervivencia. Se debe anteponer, por tanto, un plan de reinserción de los combatientes con la creación de condiciones profesionales y económicas mínimas.

Organizar el presente

La paz responde a la confianza y la fe en la sinceridad del otro. ¿Qué hacer si precisamente la confianza no existe, si la violencia se fundamenta en la negación de la humanidad del otro? Pasar de la representación del otro como enemigo a posible colaborador es el corazón del arte de la paz. Por ejemplo, es posible recordar algunos elementos de experiencias africanas en curso: la importancia del compromiso de los dirigentes espirituales o tradicionales y de los actos simbólicos, las conferencias de reconciliación nacional, las garantías dadas a las minorías, la formación de la policía en el ejercicio de los derechos humanos, etc.

Preparar el futuro

No hay una paz futura sin proyecto y perspectivas en común. En este sentido, el desarrollo está vinculado a la paz, no como algo previo, sino como un proyecto común: de este modo, deben ponerse en marcha algunas acciones, partiendo del ámbito local. Junto a ello, construir una cultura de paz constituye por sí mismo un acuerdo generacional, asociando escuelas, medios de comunicación, instituciones religiosas y políticas, colectividades locales, etc. Algunas instituciones de paz pueden construir también las condiciones de la convivencia, constituyendo el marco y el símbolo de la paz y garantizando la libertad de ser distinto. Por último, no olvidemos la importancia del compartir y de la solidaridad: no hay paz duradera que institucionalice la injusticia o que atribuya los frutos de la renta a un campo victorioso.

Para cualquier comentario e información: escribir al Centro Internacional Martín Luther King, BP, 14, Bujumbura, Burundi. Correo: cimlk@cbinf.com

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