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globe logo     Caravana: para un mundo responsable, plural y solidario
Número 8 Junio 2001

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"Happy People", Wakin

"La noción de Unidad, ¿es realmente realizable a nivel mundial? Las Naciones Unidas, ¿no han demostrado, acaso, hasta que punto pueden estar desunidas? ¿No seria mejor que pusiéramos el acento en la fraternidad de la humanidad en comunidades de culturas variadas, dejando a las Naciones Unidas la preocupación de pelearse con el concepto de unidad?"
Sureshwar D. Sinha (India)


Una contribución intercultural y plurilingüe a la elaboración de una Carta de la Alianza

Taller de Syros, Grecia (30 octubre - 4 noviembre 2000)
Edith Sizoo (Holanda)

De Naxos a Syros

En octubre 1998, los traductores del texto de lanzamiento de la Alianza, que lleva por título Plataforma para un mundo responsable y solidario1 y algunas otras personas, fueron invitadas a un encuentro en la isla de Naxos en Grecia. El objetivo era dialogar entorno a las dificultades de interpretación cultural que este texto había suscitado durante su traducción a una veintena de lenguas, la mayoría no occidentales. A través de un trabajo en profundidad sobre los sobreentendidos que las palabras transmiten, los participantes pusieron en evidencia los presupuestos culturales presentes, no tan solo en la Plataforma, sino también en otros textos considerados como internacionales o incluso 'universales'. Las dificultades identificadas no fueron tan solo de traducción sino fundamentalmente debidas a distintas visiones sobre las relaciones entre los seres humanos y entre éstos, su medio ambiente y el cosmos2.

Se planteaba, pues, la cuestión de saber hasta que punto un texto fundador de un movimiento internacional, concebido a partir de una o dos lenguas internacionales dominantes, en este caso occidentales, puede movilizar personas de contextos culturales e históricos distintos. ¿De qué manera un texto de este tipo podría llegar al corazón de millares de gentes que aspiran a una vida digna si no refleja sus principales preocupaciones vividas cotidianamente? Teniendo en cuenta la diversidad de contextos políticos, económicos, sociales i culturales de nuestro planeta, ¿hay preocupaciones suficientemente comunes que puedan servir de base a un texto común?

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"Earth Spirituality", King Dodge

Los derechos y responsabilidades de la Humanidad

En febrero 2000 apareció una primera propuesta de texto de Carta de la Alianza que enunciaría "los derechos y responsabilidades de la humanidad frente a los desafíos del siglo XXI". Esta propuesta surgió de una primera fase (1994-1998) de consultas en los distintos continentes que llevó a cabo André Levesque y su equipo. El texto se organizaba entorno a grandes dualidades comunes a las distintas civilizaciones: unidad y diversidad, yo y el otro, libertad y bien común, tener y ser, innovación y preservación del bien común (Cf. Caravana, nº 4, dossier "Carta de la Tierra", en inglés)

Los cinco principios propuestos en febrero 2000

  1. Para preservar la riqueza de la humanidad y la integridad del planeta, es preciso conciliar a todos los niveles la unidad y la diversidad;

  2. El reconocimiento del otro es el fundamento de toda relación y de toda paz;

  3. La aceptación de límites para asegurar la preservación del bien común es necesaria para el ejercicio de la libertad.

  4. El desarrollo material está al servicio del desarrollo humano.

  5. El cambio no es un objetivo en si mismo, sino un medio al servicio del desarrollo humano y de la salvaguarda del planeta.

Frente a las dificultades culturales puestas en evidencia por el grupo de Naxos, se propuso de constituir un grupo que sometería la Carta propuesta a un 'test' intercultural y plurilingüe. El número de participantes fue de veinticinco, con veinticinco lenguas distintas (diez africanas, siete asiáticas, dos del mundo árabe, dos sudamericanas y cuatro europeas). El encuentro tuvo lugar en noviembre 2000 en la isla de Syros, en Grecia.

Los problemas generales que los cinco principios de la propuesta de Carta suscitaron en el grupo de Syros fueron los siguientes:

  • La idea de relaciones es fecunda, pero el hecho de ser presentadas como relaciones duales, dificulta su asunción desde visiones del mundo culturales y religiosas no occidentales, de naturaleza más holística, donde todo es percibido como interrelacionado.

  • Si los 5 principios no evocan desde su inicio los problemas más urgentes y concretos que vive la mayoría de los seres humanos en la tierra, corren el riesgo de ser poco movilizadores.

  • La problemática fundamental del «poder» en las relaciones entre seres humanos, entre ciudadanos y gobiernos y entre estados, no se evoca suficientemente.

  • El enfoque del texto es homocéntrico (es el hombre el que gestiona el futuro del planeta), perspectiva que no es comprendida ni aceptada por todo el mundo. De ahí la pertinencia de una Carta Multicultural, es decir, no una traducción sino una transposición a distintas lenguas, adaptada a diferentes contextos culturales y lingüísticos.

  • El enunciado de los cinco principios de la propuesta de Carta de febrero 2000 y los comentarios no evocan claramente la manera de hacerlos operativos.

  • Los 5 principios están formulados con frases que exigen varias relecturas para comprender el sentido y las implicaciones. Seria preferible limitarse a simples nociones que suscitan toda una serie de connotaciones positivas, estableciendo relaciones entre ellas. Efectivamente, si se está de acuerdo sobre el contenido, se pueden «transponer» en distintas lenguas en la formas culturalmente adecuadas.

Las nociones de responsabilidad, pluralidad, solidaridad y unidad

Dar un nombre a un movimiento y un título a su texto fundador, son actos simbólicos de una gran importancia, que le dan su sentido. Los conceptos de «responsabilidad», «pluralidad», «solidaridad» y «unidad», ¿tienen sentido cuando son traducidos en otras lenguas? ¿Evocan el deseo y la necesidad de gestionar las mutaciones de los años venideros? En definitiva, ¿son conceptos movilizadores... en todas partes?

Las reacciones de los participantes del grupo de Syros demuestran que, a veces, uno u otro de los cuatro principios éticos elegidos por la Alianza es -- culturalmente hablando -- una evidencia y que otras, no tiene mucho sentido. En los dos casos no son, particularmente movilizadores.

Después de numerosas discusiones, el grupo de Syros se preguntó porqué estos cuatro principios éticos habían sido elegidos y no otros. Aún más, ¿es deseable de configurar un movimiento en base a principios morales? En vez de predicar moralmente, ¿no sería mejor de elegir un título corto que evocase en primer lugar el objetivo preponderante de la Alianza, su sueño, su utopía?

La cuestión de fondo que la Alianza se plantea es la de saber cómo afrontar los desafíos de la humanidad en este inicio del siglo XXI. ¿En base a qué principios conductores comunes, los pueblos de la tierra pueden actuar conjuntamente, a pesar de su diversidad? ¿Cómo movilizarlos?

Un nuevo paradigma holístico e integrado.

Antes de abordar la cuestión de qué es lo que une a los pueblos de la tierra, los participantes del grupo de Syros intentaron discernir en primer lugar las principales preocupaciones en sus respectivos contextos, para luego identificar los principios conductores para un buen funcionamiento de la sociedad.

Las preocupaciones principales planteadas por los participantes en tanto que "desafíos del siglo XXI, están, evidentemente, muy ligadas a las situaciones específicas de sus respectivos contextos, tanto en el plano económico, como político y social. Allí donde lo estrictamente necesario para sobrevivir no está asegurado para la mayoría de la población, se insiste en el reparto equitativo de los recursos naturales, garantía de seguridad económica. De la misma manera, allí donde la libertad de expresión política apenas existe, los elementos planteados son la democracia y los derechos del ciudadano. En los lugares donde se ponen trabas a la libertad política, económica y cultural, un desafío importante es el de cuestionar la dominación ejercida por los poderes exteriores. Estos intereses y desafíos comunes se plantean en los países africanos, asiáticos y latino-americanos.

No obstante, puesto que los signos distintivos de cada civilización siempre se inspiran en las interpretaciones culturales y religiosas de la vida misma y de las relaciones entre el ser humano y su medio ambiente, los principios conductores para afrontar estos desafíos pueden diferir. Mientras en el mundo occidental la mayoría piensa siempre y sobretodo en términos homocéntricos de ingeniería, proclamando que el ser humano puede y debe planificar, gestionar y controlar su destino, la naturaleza y el desarrollo de los acontecimientos, el anteproyecto de una Carta emanando de Asia del Sur (ver Caravana nº 4 South Asian Yearnings, en inglés) pone el acento en una «nueva espiritualidad», un nuevo paradigma holístico e integrado, un nuevo «dharma, haq o ley cósmica mundial». Mientras los participantes africanos resaltaban la importancia de la solidaridad, comprendida como una obligación mutua en el seno de los grupos de pertenencia, en Malasia las nociones de tolerancia y armonía eran consideradas como indispensables. Para los budistas tailandeses, la noción moral de desapego en relación a los deseos y los bienes terrenales es un gran principio conductor, mientras que la búsqueda de prosperidad es perfectamente aceptable en un contexto chino, tal y como lo son el reencantamiento del mundo y la fiesta en América del Sur.

Las discusiones sobre los principios conductores en contextos distintos, sus matices culturales, sus implicaciones en las prácticas sociales y su pertinencia a nivel mundial, condujeron al grupo de Syros a la conclusión que aquello que alimenta todas las preocupaciones y todos los principios, aquello que está fundamentalmente en peligro, por lo que debería ser el argumento principal de una Carta, es el derecho a la Vida en ella misma.

La Vida no ha sido creada por el ser humano. Éste participa en ella, la comparte, no tan solo con los otros seres humanos, mas también con otras formas de vida. La Vida es la energía sagrada que relaciona todo con todo, «desde la más minúscula partícula subatómica de la tierra, hasta la más distante de las estrella».

Un principio convergente: el derecho a la vida

El desafío para una Carta de la Alianza se sitúa más allá de una Carta de la Tierra. Este tercer pilar de la vida internacional superaría las cuestiones del medio ambiente y las cuestiones económicas, sociales y políticas relacionadas con éste. Es cierto que estas cuestiones revisten una gran importancia y deben, por tanto, ser tratadas urgentemente. Ahora bien, provienen de la mayor de las cuestiones que se encuentra en el corazón de todas las otras: la del respeto de la vida misma. De este respeto se deriva una responsabilidad personal y colectiva para una vida sostenible de nuestra Tierra y de todo aquello que vive en ella, en relación directa con la vida digna de los seres humanos.

Este desafío superaría el espíritu homocéntrico de los proyectos de textos fundadores precedentes (que fue el reproche más importante que hicieron los aliados no occidentales a la Plataforma de la Alianza y a la propuesta de Carta de febrero 2000).

El corazón de una Carta que parte de esta visión sería 'universal' en el verdadero sentido de la palabra: afecta a todo lo que existe en el mundo, tanto lo visible como lo invisible. Defiende algo más grande que la comprensión y la ingeniería humanas, pero no demasiado grande como para vivirlo en el fondo de uno mismo.

En lo concerniente a las relaciones humanas, los participantes del grupo de Syros remarcaron que este principio fundador lleva en su seno la necesidad de crear y dejar espacio al otro, así como el hecho de sentirse corresponsable de su realización. La amplitud de este espacio, así como de esta corresponsabilidad pueden variar según el contexto, pero son parte integrante del derecho a la vida por doquier.

Una Carta en forma de árbol

De esta visión se derivan los principios de orientación elegidos en Syros, así como los medios para llevarlos a cabo -- dignidad, solidaridad, diversidad, igualdad, paz, responsabilidad -- como fondo común posible, un contenido que puede ser transpuesto en distintas lenguas y en distintas formas culturalmente adecuadas3. Para ilustrar esta idea se utilizó la siguiente imagen: este fondo común constituirían las raíces de un árbol, como le banyan tree o el bananero, de donde crecerían troncos de distintas lenguas que constituirían la aplicación culturalmente adaptada a los distintos contextos.

Próximas etapas

Los participantes del grupo de Syros son plenamente conscientes que el resultado de su proceso tan solo es una contribución a la redacción de una Carta de la Alianza entre las muchas surgidas de los distintos grupos de trabajo, colegios y continentes.

Su propuesta de constituir un comité de redacción de la propuesta final de una Carta de la Alianza ha sido asumida por Pierre Calame, director de la Fondation Charles Léopold Mayer, y coordinador del encuentro mundial de la Alianza en Lille (diciembre 2001). Este comité estudiará a fondo todos los comentarios y todas las propuestas surgidas de los distintos grupos de la Alianza, con el fin de formular un proyecto de texto adaptado que tomará en cuenta el conjunto del trabajo de reflexión llevado a cabo por los aliados y las aliadas. Esta propuesta final será sometida en Lille en diciembre 2001.

«Sentirse solidario y respetar a los pueblos distintos de nosotros son nociones que forman parte de nuestra tradición. Sin embargo, aquellos que fueron acogidos como amigos, se mostraron como seres maliciosos que poco a poco redujeron nuestros pueblos a la esclavitud, transformando las tierras en colonias, explotando, robando las riquezas, imponiendo su cultura y sus cultos... Los Africanos aspiramos a redescubrirnos y es en ello que se sitúa nuestra prioridad.»

«Hay en los textos un grito del Sur contra toda forma de opresión, de dominación del modelo occidental basado en la búsqueda egoísta del beneficio, en el consumismo, en la invasión cultural»

Théophile Amouzou (Togo)


1 El texto de la Plataforma está disponible en la siguiente dirección: Equipo Internacional de facilitación de la Alianza, abs. FPH, 38, rue Saint Sabin, 75011 París, Francia
2 Los resultados del encuentro de Naxos fueron publicados en el libro "Ce que les mots ne disent pas", E. Sizoo, 1999, Paris, Editions Charles Léopold Mayer.
3 La propuesta de Carta surgida de las reflexiones del grupo de Syros pueden obtenerse en: Réseau Cultures, 174, rue Joseph II, 1000 Bruselas, Bélgica. - Correo electrónico: reseau.cultures@skynet.be

Participantes en el proceso (Grupo de Syros): Luis Carlos ARBOLEDA, Bolivia; Aurélien ATIDEGLA, Benin; Nicholas ANASTASSOPOULOS, Grecia; Vanda CHALYVOPOULOV, Grecia; CHAN Ngai Weng, Malasias; Aurauco CHIHUAILAF, Chile/Fra ncia; Valmir DE SOUZA, Brasil; Hamidou DIALLO, Senegal; Jarlath D'SOUZA, Bangladesh; Hamilton FARIA, Brasil; Youssoupha GUEYE, Senegal Théophile AMOUZOU, Togo; Mohammed MOUKALED, Líbano; Dieudonné N'KOUM, Camerún; Makarand PARANJAPE, India; Sureshwar D. SINHA, India; Djamila TELLIA, Argelia/Francia; Larry THOMPSON, Estados Unidos; Gerald WANJOHI, Kenya; ZHAO Yi Feng, China Yolanda ZIAKA, Grecia. Coordinadora: Edith SIZOO, Holanda; Observadora: Catherine GUERNIER, Francia; Secretariado y logística local: Nicole FRAEYS, Yolanda et Vassilis ZIAKA

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