Las estadísticas demuestran sin duda la situación dramática de la salud a nivel mundial, a pesar que el derecho a la salud ha sido proclamado a nivel internacional. Debemos admitir que las distintas variables que intervienen para que la gente esté sana distan de estar claras, y no existe una receta magistral del "qué hacer". Debemos aprender mucho todavía sobre cómo desarrollar intervenciones eficaces de salud. Según diferentes estudios, lo crítico podría estar en la calidad del microentorno social y físico.
Los esfuerzos por mejorar los niveles de salud se han canalizado principalmente a través de sistemas asistenciales, presumiblemente respondiendo a la creencia de que la asistencia sanitaria es el determinante más importante de la salud. Aunque resulten decisivos en casos individuales, la disponibilidad de los servicios sanitarios, o su falta, no puede explicar las diferencias de salud observadas entre poblaciones distintas.
Una verdadera política de salud debe basarse en la comprensión de la importancia relativa de los diversos determinantes de la salud. En este terreno, el tema principal en estos momentos es reorientar y reenfocar el debate social. La invitación que hacemos a los profesionales de distintas disciplinas, a los profesionales sanitarios de diferentes especialidades de los diversos países, con realidades socioeconómicas disímiles, es la de comenzar un debate internacional que permita integrar las diferentes miradas, experiencias y propuestas sobre la salud al comienzo del siglo XXI.