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Comercio internacional

La agroindustria frente al proceso de apertura económica

La apertura económica es un proceso que implica transformaciones estructurales en el sistema económico, y en especial en el aparato productivo. Es igualmente un proceso de inserción en el mercado internacional bajo las normas de la competencia y la eficiencia, pero también de apertura de los mercados internos en el sentido de crear las condiciones para que los diferentes agentes socioeconómicos que los deseen se incorporen al mercado con base en el acceso a los recursos y servicios productivos.
Los retos que plantean estos procesos son múltiples y permean tanto al sector público como privado, a los pequeños, medianos y grandes empresarios, a las organizaciones sociales y productivas, y en general a las instituciones. Por ser un proceso que rinde sus frutos en el mediano y largo, los resultados en el corto plazo son en general negativos, porque sólo contabilizan los costos de las transformaciones y no los beneficios.
El sector agroindustrial enfrenta varios retos en el proceso, empezando por el tecnológico y continuando por el desarrollo y conocimiento de los mercados, la información y la organización. Estos retos cobijan tanto a la agricultura como a la industria transformadora de los productos y constituyen al tiempo obstáculos estructurales que dificultan en el corto plazo la plena incorporación a los procesos de apertura.
En primer término está el problema agrario, aún no resuelto, y con diferenciaciones regionales importantes. En el caso de los medianos y grades empresarios agrícolas, se requiere por lo menos resolver el problema tecnológico, de infraestructura para la producción en algunas zonas, garantizar la reproducción del capital en el campo y generar condiciones permanentes de rentabilidad con reglas de juego claras y estables. El problema social en casi todas las áreas de producción sigue pendiente de resolver utilizando de mecanismos locales y regionales que procesen los conflictos que se generan en el proceso de apertura. Es ineludible contar con instituciones públicas y privadas, de servicio y orientación eficiente para los empresarios.
Para los pequeños agricultores y la agroindustria rural los retos son todavía mayores. El aumento de la productividad agropecuaria es el sustento de empresas agroindustriales competitivas y de productos de calidad. El acceso a tecnología, crédido, tierra, conocimiento sobre los mercados, capacitación en gestión empresarial y organización, son elementos que requieren una gran presencia del Estado, pues el mercado no resuelve estos problemas para las economías campesinas. Si bien es cierto que el Estado se puede reducir en algunas actividades productivas, más no en todas, en el caso de las economías campesinas debe aumentar sus ámbitos de acción para crear las condiciones que sustenten pequeñas empresas agroindustriales viables en el mercado, y con tamaños de escala que les permita competir. También es importante tener en cuenta que no todas las economías campesinas pueden participar en estos procesos, pues aquellas muy atrasadas o alejadas de centros de consumo tendrán muchas dificultades para generar núcleos de acumulación agroindustriales, aún con la ayuda del Estado.
La organización es indudablemente una estrategia apropiada de desarrollo rural cuando se le concibe como un proyecto productivo microregional o regional en economías dinámicas y en proceso de desarrollo. Pero estas empresas podrán surgir, y no de manera artificial, cuando cuenten con apoyos estatales como financiación estatal de los estudios de preinversión, aportes de capital semilla, suministro de tecnología y asistencia técnica en postcosecha, las inversiones de infraestructura física y social necesarias. Estos apoyos son subsidios claros y transparentes no permanentes, que deben poner a las empresas en condiciones de competir. Igualmente, las agroindustrias rurales deben buscar articularse con los circuitos comerciales y agroindustriales ya existentes bajo condiciones equitativas y buscar la articulación de los productos como socios o administradores de materias primas en mejores condiciones de las que tradicionalmente ofrece el mercado. Mientras más se integren en una cadena, más posibilidades tienen de permanecer en el mercado.
Es indudable que las agroindustrias que hoy funcionan sobre la base de productos agropecuarios con baja productividad y eficiencia, corren el riesgo de salir del mercado. Por ello, conviene analizar con cuidado la viabilidad de empresas que en el pasado se fundamentaron en un mercado protegido, y además, formular propuestas que permitan un proceso de tránsito hacia nuevas condiciones sin causar traumatismos a las empresas existentes, es decir, hacer una propuesta de gradualidad que sea viable.

La apertura económica es una realidad que deben enfrentar todas las empresas, incluída la agroindustria rural si desean sobrevivir en el mercado. En este sentido nuestra preocupación obedece a que la agroindustria rural se encuentra muy retrasada en ese proceso y requiere de mucha capacitación y asistencia técnica para adecuar sus productos y tecnología a las exigencias de los consumidores.


LOS AUTORES

Marvin BLANCO
PRODAR IICA. Consultor.
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