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Jóvenes

En Colina, los jóvenes brasileños aprenden la gestión social de los recursos naturales

Cuando Isabel de Altamirano Pinto terminó, hace tres años, sus estudios de Biología, en Brasilia, se dijo : ' ya no quiero más de esto!', y se fue para Bairre Rural del Municipio de Itamante en Minas Gerais, al sur del Brasil. Ella vive en Colina, una de las cinco comunidades de Serra de la Mantiqueira, situada a 1500 mts de altura, y está segura de que la montaña le ha ayudado a reencontrarse consigo misma y con la gente.
Ella y su prima, que es agrónoma, empezaron a trabajar en un proyecto de desarrollo comunitario, pero todo a un ritmo muy lento, muy despacio, hasta lograr que los habitantes confíen en ellas. Al principio, sin dinero, se las arreglaban para hacer actividades que llamen su atención, en especial con de los jóvenes. Isabel pintaba, su tío músico cantaba y poco a poco fueron logrando ser recibidos por la comunidad, de tal manera que ellos mismos, un día, les pidieron que hagan algo más articulado con los jóvenes.
Entonces, la primera cosa que hicieron fue conocer las actividades de animación dirigidas a jóvenes de 15 años en adelante en las comunidades de Campo Redondo, Mauá, Matutu y Servinha
En Colina, se les ocurrió trabajar informalmente, con talleres fuera de la escuela, en donde hacen pintura, música, arte con semillas, danza y tejido. En estos talleres estuvieron presentes también niños y mujeres. Ahí nadie obliga a nadie, los compromisos surgen de ellos mismos. Isabel y el grupo de ayuda están solamente acompañándolos, es que ' Colina trabaja por la Colina', y su proyecto se llama así : 'Colina trabalha pela Colina'. Si bien es cierto que su trabajo es con jóvenes, ellos realizan actividades que involucren a toda la comunidad.
La gente tiene una tradición de solidaridad en la región. Cuando alguien va ha construir una casa o a cocinar, todos ayudan. Se trata de ampliar esa tradición, compartírsela a los chicos, para que ya no peleen y sean solidarios. Isabel les dice a cada momento : 'Quédense juntos y aprendan a quererse el uno al otro.'Gracias a la participación de toda la comunidad, este año, empezó -con financiamiento oficial- el proyecto 'Integrando Acciones en la Mantequeira', del que Colina forma parte.
Otro aspecto que Isabel y su gente están empezando a considerar es el de la cultura de las comunidades locales. A estas comunidades está llegando gente de fuera, en especial de Sao Paulo y de Río de Janeiro. Compran tierras y montan negocios de turismo, que si bien es cierto genera trabajo, 'pero hay que tener mucho cuidado con el turismo' -nos dice Isabel- 'porque el empresario, lo que quiere es ganar y no le interesa mucho los impactos que pueda ocasionar en la comunidad'. Por ejemplo, los hombres han dejado de cultivar y trabajan como albañiles, los buses han invadido los espacios de recreación, entre otras cosas. 'Pero bueno, nosotros mismos llegamos de afuera, y llegamos a tratar de unirnos a la comunidad, respetándola. Aunque uno llega con su cosmovisión y sus vicios, no trata de imponerlos'. Por eso, es importante hacerles entender que : 'si ellos mismos no saben lo que quieren, otra gente les va ha decir qué hacer'.
La primera visita que realizaron con los chicos de Colina, fue al proyecto de Campo Redondo, y se admiraron mucho del teatro y de la plaza que ellos tienen. Los muchachos de Campo Redondo hicieron una reunión en la que les contaron cómo había sido su proceso, que todo lo habían logrado trabajando fuertemente desde hace veinte años ya. A su regreso, los niños tenían muchas ganas de empezar y lo primero que se les ocurrió hacer, fue un vivero. Para comenzar, se organizaron todos : 'pero mira... que se organicen no quiere decir que lo hagan, y nosotros nos ponemos igual : no hacemos nada; si ellos lo hacen les acompañamos, queremos ayudar, estar al lado. Y tenemos plata, pero tienen que decirnos qué quieren hacer con ella'.
Gastan muy poco, porque ellos mismos, ahora, se ingenian maneras de conseguir dinero. Por ejemplo : el domingo anterior tenían que recibir a los niños de Mauá y debían hacerlo solos. Aunque al final ayudaron las madres y las profesoras del centro, se les enseña que deben aprender a hacerlo solos. Así que, aprovecharon las fiestas de San Juan y San Pedro para hacer varios juegos, y el proyecto apoyó obsequiando los regalitos. Recaudaron muy poco, 20 dólares, pero con eso pagaron la comida de sus invitados.
Más tarde, en esa misma visita, un niño de Mauá preguntó : '¿ bueno, y ahora qué vamos a hacer?, además de Isabel, ¿quién es responsable aquí?¿Quién es el líder?', y todos le respondieron : 'no,... aquí no hay esa persona, aquí todos decidimos'.
Sin embargo, como en todo proyecto, existen varios problemas. Los buses de turismo siguen llegando. Una vez se parquearon al lado del vivero, y preocupada Isabel les dijo : 'se dan cuenta? están viniendo muchos buses, y en poco tiempo se duplicarán'. Al siguiente día, los jóvenes hicieron un letrero que decía : 'Preserve Nuestro Espacio : Estacionamiento', al rato, alguien quebró la placa y la botó, pero rehicieron muchas más y las volvieron a colocar.
Saber cuando se debe intervenir y tener firmeza en las acciones, son cosas que sólo se van aprendiendo en el camino. Cosas como hacer bailar a los jóvenes cuando se pelean, volverlos a unir cuando en las reuniones se echan la culpa de los errores cometidos, son algunas de las iniciativas que han dado buen resultado en el trabajo que realizan en Colina. Es difícil, pero se les ha ocurrido intentar solucionar las peleas haciéndoles escribir en una hoja de papel su equivocación, del un lado y del otro, su compromiso para mejorar. Los resultados han sido magníficos y se han vuelto a unir de nuevo. Aunque hubo una niña que escribió en ese momento 'yo no tengo porqué pedir disculpas, pues yo no me he equivocado en nada', después, ella misma fue quien agradeció a los niños que se quedaron haciendo el almuerzo para todos.
Esta es una comunidad rural muy tradicional alejada de la tecnología y hoy han tenido que aceptar y aprender a utilizar la computadora, el Internet y la televisión. Lo que todavía es difícil tratar es el machismo. Las niñas no tienen apoyo para estudiar, así que se casan muy jóvenes y se van. Sin embargo ahora están buscando una solución para continuar estudiando, pues ahí sólo tienen escuela primaria, y en la ciudad más cercana las universidades son todas pagadas. Ellos no tienen recursos para financiar esos estudios.
Isabel tuvo que dejar a un lado su mirada academicista y prestar atención, solamente escuchar y aprender. Y aprendió a ser transparente y espontánea; a rescatar lo que sirve de su pasado. Porque sabe que si continúa siendo igual a todos, nunca llegará el cambio, y hay que cambiar. Es por eso que Isabel no sólo cree en el cambio de los jóvenes, cree en el cambio de los adultos, de las mujeres, del propio mundo.
Para Isabel trabajar con los jóvenes ha sido y continúa siendo todo un desafío. Ha sido como plantar la semilla de un sueño. Y cree firmemente que sí es posible verla crecer. Está segura de que lo único que ella no puede hacer es abandonarlos, es salir, es no estar. Mira cómo poco a poco se va concretando, va materializándose la idea de un grupo que se fortalece gradualmente. 'Se necesita mucha paciencia -me dice- tolerancia y amor, porque esto es un proceso y va a costar mucho, pero nos va ha servir a todos; a ellos para que mañana donde quiera que vayan, sean capaces de escoger su alternativa de vida. Y a nosotros porque, ya que no tuvimos esta oportunidad, hoy la podemos vivir con ellos'.
La enseñanza más linda que ha recibido de su trabajo es haber comprendido que es imposible conservar cualquier cosa, si no se trabaja la dimensión humana. 'Es como si la humanidad pasara por un período de enfermedad y necesita curarse, y esa cura está en las montañas, ellas permiten reconciliarse con la gente'.

El mérito de este trabajo con jóvenes, es sin duda, haber logrado que su problemática sea abordada desde sus propias expectativas, pero enfatizando en la tradición de solidaridad que caracteriza a las comunidades campesinas, reafirmando su unidad e integralidad. Cómo ellos poco a poco van tomando conciencia de su papel como actores, de su capacidad para tomar decisiones, de su búsqueda creativa de propuestas que generen ingresos económicos, pero que sobre todo, les llenen el espíritu y les vinculen armónicamente con su entorno, es quizá lo más importante de esta bella experiencia.
Otro elemento que podemos rescatar, es la certeza de la intuición de una mujer joven que decidió reencontrarse con la naturaleza, pero no de una manera individualista, sino compartiendo y aprendiendo de la gente de la comunidad en la que vive. Esta experiencia es como un sueño, que como dice Isabel, todos tenemos la oportunidad de vivirlo solidariamente.


LOS AUTORES

Josefina Torres
Instituto de Estudios Ecuatorianos
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