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¿La agricultura a cualquier precio? Arabia saudí favorece la agricultura en detrimento de sus reservas de agua
de Angélique KHALED .
Aprovechando las rentas del petróleo, Arabia Saudí desarrolló un regadío de trigo a escala industrial que, si obtuvo resultados a nivel cuantitativo, amenaza con agotar las reservas de agua del país, sin llegar a superar su carácter de creación artificial.
En la península árabe, las repercusiones de las rentas del petróleo después de la crisis de 1973 permitieron hacer del desarrollo agrícola una prioridad. Se pasó de una agricultura alimenticia organizada en torno a los oasis, con una explotación muy moderada de las aguas subterráneas, hacía una agricultura industrial con medios financieros y tecnológicos enormes. Las razones de tal cambio son múltiples pero el ejemplo del cultivo del trigo en Arabia Saudí ilustra también los límites de tal desarrollo con las consecuencias ecológicas muy inquietantes. El agua que sirve para irrigar los campos de trigo procede para un 80% de capas subterráneas no renovables, cuyo nivel baja al año a un ritmo de diez metros, único fenómeno en el mundo. Por fin, el empleo importante de fertilizantes químicos tiene consecuencias negativas sobre la calidad del agua de las capas freáticas. A nivel económico también, todo no es positivo. En efecto, la dependencia con relación al extranjero aumentó: la mano de obra agrícola viene de los países asiáticos, algunos técnicos anglosajones administran las explotaciones ultramodernas, se importan el material, las semillas y los fertilizantes. Las autoridades saudíes tomaron conciencia de estos límites y fomentan una gestión más racional del agua y el reciclaje de las aguas sucias. Se comienza también a limitar las subvenciones para los productores de trigo. Pero estas directivas son mal percibidas por un grupo de presión agrícola que se ha convertido muy potente.
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