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Salvar los océanosConsiderados inalterables, los océanos acaban por ser afectados en su integridad propia por la intervención humana: contaminaciones químicas y orgánicas, sobreexplotación de los recursos pesqueros, etc. Solamente la reglamentación internacional parece por el momento en condiciones de limitar estas amenazas.
El mundo del mar alberga una parte considerable de la biomasa terrestre, bajo las formas más distintas. Verdadera "bomba biológica", el mar desempeña un papel esencial en la regeneración de nuestra atmósfera. Pero con una producción siempre creciente de residuos, la sobreexplotación de medios entre los más abundantes de vida y una concentración de nuestras ciudades a lo largo de las costas, hemos causado una considerable degradación de la ecología marina. Numerosas son las agresiones que hacemos sufrir al oceano:
1. la contaminación química: procede de la desgasificación de los barcos, de los naufragios de petroleros y otros buques encargados de sustancias tóxicas, y del rechazo de residuos industriales en aguas libres. 2. la contaminación de tipo orgánica: consiste, en particular, en el rechazo de las aguas sucias en los ríos, o directamente en el mar. La eutrofización de las aguas costeras que resulta contribuye a la extensión de algunas especies en detrimento de otros. 3. la contaminación de orden genética: es resultante de la introducción accidental de especies en zonas donde constituyen una amenaza trastornando el equilibrio ecológico. Esta forma de contaminación puede causar una inquietante reducción de la biodiversidad. 4. la pesca es otra agresión: la explotación de los recursos marinos animales alcanza hoy su punto límite, mientras que aumentan el número de los pescadores y la capacidad de sus herramientas de trabajo. La concentración humana a lo largo de las costas y la desorganización que afecta a nuestras sociedades más pobres amplían estos fenómenos de despoblación de los fondos oceánicos. La potencia del océano y sus recursos resultan bien menores que lo que se había supuesto algunas décadas antes. Esta comprobación toma a la humanidad a contrario en su curso a las riquezas oceánicas. Las soluciones a todos estos males pueden fácilmente concebirse, pero aplicarse difícilmente. Ya requiriendo una enorme presión política en el Occidente desarrollado, se chocan en el Tercer mundo a la desorganización socioeconómica, con la falta de medios o a las otras urgencias que conocen estos parises. Sin embargo, aunque su aplicación sigue siendo un deseo piadoso, los acuerdos, compromiso, normativas y cuotas de producción internacionales permanecen la mejor esperanza de evolución "razonable" de la situación de los océanos. Documentos |
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